Guerra y el boom económico

Durante la Segunda Guerra Mundial, la compañía Sika continuó la producción en cada país en el que tenían presencia. Así, las mezclas para la construcción de búnkeres en Suiza y en las zonas ocupadas por los alemanes fueron entregados por Sika. Pero también las naves de hormigón utilizadas por los Aliados para el transporte de material de guerra y del desembarco en Normandía fueron construidos con aditivos Sika.

Durante el auge de los años 50 y 60, se fundaron nuevas filiales en Suecia y en Cuba. Un segundo cambio generacional se anunció, la entrada de Romuald Burkard en Suiza . Burkard gradualmente se hizo cargo de la dirección del grupo de empresas que en 1968 se había convertido en una única estructura integral corporativa con Sika Finanz AG. El mismo año, Sika se empezó a cotizar en la Bolsa de valores suiza.

Sin embargo con el recalentamiento de la economía a finales de los 60, Sika entró en una grave crisis. Una nueva planta en Düdingen había tenido importantes dificultades iniciales y costos mayor al presupuestado; las operaciones de un número de empresas de construcción no eran rentables, y en Alemania y en Escandinavia, las reclamaciones de garantía se cernían en el horizonte. La situación era inquietante: Sika sólo evitó la insolvencia.